Mejor aprender a negociar!

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Dos chicos y una torta

Dos chicos habían recibido un pastel a cambio de un trabajo realizado y estaban tratando de ponerse de acuerdo sobre cómo dividirlo. Pero el hambre que tenían les hacía difícil negociar objetivamente. Una cosa llevó a la otra y, al poco tiempo, estaban embarcados en una feroz disputa de la que los separó un vecino más grande. Cuando éste comprendió lo que ocurría, les explicó que necesitaban un juez imparcial e inmediatamente adoptó ese papel. Tomó un cuchillo y partió la torta en dos. Observó las mitades con aire dubitativo y concluyó que una de ellas era más grande que la otra… Con expresión de profesional experto se llevó la porción más grande a la boca y redujo uno de sus extremos de una dentellada. Volvió a comparar las mitades pero, ahora, le pareció que la otra tajada era de mayores dimensiones. Sin dudarlo, le aplicó el mismo tratamiento que a la primera. Pero también esta vez la porción que antes era grande había pasado a ser demasiado chica. Los dos niños, que aún estaban enojados entre sí, vieron cómo sus
mitades iban disminuyendo alternativamente hasta que no quedó ni una miga de ellas.
Pero nadie pudo negar la justicia del tercero, ya que ellos dos recibieron exactamente lo mismo: nada.

Lo que se puede comer un tercero autoritario no es sólo nuestra torta sino nuestro derecho
al diálogo, nuestra oportunidad de idear soluciones creativas, nuestra posibilidad de usar la imaginación para hacer crecer la torta antes de repartirla, nuestra conveniencia de decidir en función de nuestros intereses y no sólo de nuestros derechos. Y el gran orgullo de sentir que lo solucionamos entre los dos, afianzando nuestra relación por lo que eso vale en sí mismo y para futuros asuntos que podamos encarar como socios.

Fuente: Francisco Ingouville, Las relaciones creativas.

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